Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL
DE GÉNERO
1.- ECONOMÍA Y OPRESION DE LA MUJER.
A diferencia de las tesis que sostienen que la opresión de la mujer nace de los sentimientos de inferioridad de los hombres ante las mujeres -que son ciertos-; en contra de las tesis que sostienen que esa opresión se basa en la desigualdad de culturas y de opciones en el acceso a las "posibilidades de triunfo en la vid" -que es cierto-; en contra de quienes sostienen que esa opresión surge de la incompatibilidad emocional y hasta biológica entre hombres y mujeres, de modo que los primeros se han aprovechado de ella y la han instrumentalizado, etc., en contra de estas y otras interpretaciones, aquí intentamos explicar cómo los intereses económicos burgueses y sus teorías justificadoras juegan un papel central en esa opresión.
1-1).- OPRESION, EXPLOTACIÓN Y DOMINACIÓN DE GENERO:
Con demasiada frecuencia utilizamos mal conceptos imprescindibles para entender situaciones sociales que por su dureza generan sufrimientos y dolores que exigen respuestas prácticas. Pero, encima, cuando esas situaciones son producto de intereses materiales muy concretos, intereses que nos convienen personalmente por cuanto nos benefician de algún modo, en estos casos, la utilización del lenguaje es o bien una trampa autojustificadora o bien una necesidad urgente de autocrítica en cuanto sujetos partícipes en esos procesos injustos. Este es el caso de la opresión de las mujeres por los hombres y del hecho de que nosotros utilizamos conceptos claves como opresión, explotación y dominación sin precisarlos ni depurarlos de la carga semántica, política y sexista que llevan dentro, así como sus relaciones con los de subordinación, privación, sujeción y otros. Vamos a empezar aclarando los tres primeros pues nos parecen los más importantes, necesarios para entender luego los de subordinación, privación y sujeción. .
Por opresión entendemos la situación de la mujer que es obligada a supeditarse, aceptar, obedecer y cumplir las órdenes, caprichos e insinuaciones de su marido, y en términos amplios, esa situación aplicada a todo el género femenino sometido a la opresión del masculino. Como veremos, la opresión de la mujer no tiene porqué ir acompañada de su explotación económica ni por su dominación cultural e ideológica, aunque en la práctica suele suceder así. La opresión de la mujer puede sustentarse en la amenaza de violencia, en el miedo a ella y a su padecimiento, o también en la aceptación resignada pero consciente de la opresión por la ausencia de medios económicos propios para mantener una vida libre, o por autosacrificio personal en aras de la salvaguarda de l@s hij@s que quedarían bajo los caprichos volubles e impredecibles del padre.
Muchas son las razones que explican que las mujeres permanezcan pasivas ante la opresión que sufren, pasivas pero conscientes de esa opresión y de esa falta de resistencia activa, pero no podemos analizarlas aquí. Lo que sí interesa destacar es que la opresión produce un beneficio al hombre que la ejerce como es el caso de la opresión de la mujer que realiza un trabajo doméstico, que rinde unos beneficios concretos como la limpieza, la comida, etc., pero que no son mercancías que se materializan en el mercado sino lo que, en terminología de Marx, es "trabajo que no existe". Y en cuanto opresión de género, opresión colectiva, una mujer joven y soltera , o una mujer separada, no se libran de la opresión porque están sujetas al contexto opresivo objetivo del sistema que permite o tolera los acosos sexuales, las agresiones verbales, las discriminaciones de todo tipo, etc., además de que pueden sufrir la opresión proveniente de su padre, hermanos, amigos, vecinos...
Por explotación entendemos el mecanismo por el cual unos hombres concretos y una clase social, la burguesía, extrae una ganancia económica precisa como resultado del proceso entero de explotar la fuerza de trabajo de la mujer que, al final del ciclo entero, produce un beneficio, una plusvalía al hombre concreto que la explota y en conjunto a la clase capitalista. La explotación surge cuando existe un trabajo asalariado que produce una mercancía que, como tal, entra en el circuito del mercado y se realiza en su venta. Las mujeres que además del trabajo doméstico realizan un trabajo asalariado para un capitalista están oprimidas por el marido que obtiene unos beneficios por su opresión y explotadas por ese patrón que se enriquece a su costa. Por eso la doble jornada de trabajo es a la vez una opresión y una explotación. Un debate interesante sería, si pudiéramos hacerlo ahora, el de dilucidar las dosis de opresión y explotación que sufren las prostitutas, en el sentido de que pueden realizar un trabajo asalariado no productor de valor pero sí de beneficio obligadas por un contrato, y a la vez un trabajo no asalariado obligadas por la opresión y violencia, pero son cuestiones que ahora nos desbordan.
La explotación concreta en un trabajo concreto se ve endurecida, sin embargo, por la opresión de género que sufre la mujer trabajadora por el simple hecho de ser al tener un salario sensiblemente menor, al adjudicársele los peores trabajos, etc., y esa discriminación de género se sostiene en la opresión de la mujer preexistente a ese trabajo concreto y apoyada por los hombres en general, por los trabajadores y por los sindicatos y fuerzas políticas "progresistas". Existe así por tanto una agilización de la explotación gracias a la existencia previa y objetiva de la opresión de género. Cuando un trabajador acosa sexualmente a una trabajadora no la está explotando sino oprimiendo, pero cuando el patrón le acosa y le amenaza con el despido si no colabora o le chantajea con ascensos si consiente, entonces es una mezcla de opresión sexual y explotación económica.
Por dominación entendemos el conjunto de sistemas ideológicos, culturales, religiosos, educativos, etc., que logran que la mujer esté alienada y acepte la situación que padece como normal, deseada por los dioses, o como realidades existentes desde siempre. Es decir, sintetizando un panorama tan complejo, la dominación es el mecanismo que logra que la mujer no sólo sea inconsciente de su situación o que permanezca pasiva ante ella aun conociéndola, sino que incluso la defienda y hasta colabore para que otras mujeres la acepten de buen grado. Muchas de las causas que le llevan a aceptarla se deben a la impotencia económica, al miedo a la violencia del marido, a las presiones familiares, etc., pero estas razones son en sí mismas fuerzas inherentes al proceso global de dominación en el que se interrelacionan los mecanismos de opresión y explotación de modo que la dominación resulta cuando esa interacción, al ser reforzada por específicos factores ideológicos, culturales, educativos, etc., culmina en la aceptación global del orden patriarcal. La efectividad suma de la dominación se logra cuando las mujeres actúan como reforzadoras de su misma opresión; cuando educan en ella a sus hijas, cuando se comportan diariamente como reaccionarias y conservadoras propagando la "esencia y eterno femenino", las "armas de mujer"; cuando presionan a otras mujeres para que no se subleven y aguanten la opresión.
Una trabajadora acosada sexualmente por su patrón está oprimida y explotada, como hemos visto, pero además está dominada cuando cree que ese acoso es "normal" debido, por ejemplo, a que "los hombres deben ser muy masculinos" y las mujeres, ella misma, deben torear educadamente esa "esencia fogosa", o peor aún, cuando cree que ese acoso o simples piropos confirman su "triunfo como mujer". Una mujer puede no ser explotada económicamente porque no es asalariada, puede que sea relativamente reducido el grado de opresión patriarcal que sufre de su marido y del entorno, pero no por eso debe estar libre de la dominación de género, sino que su nivel de alienación puede ser tal que su vida entera sea una cadena dorada, cuando no un infierno psicológico repleto de frustraciones y sueños insatisfechos aunque se crea "feliz y realizada".
En la vida cotidiana se produce siempre una compleja mezcla de opresión, explotación y dominación dependiendo de múltiples factores que no podemos analizar aquí. Además, según en qué circunstancias y contextos clasista, las interacciones de la opresión, explotación y dominación se ven ocultas por las relaciones de subordinación, que son aquellas en las que las mujeres pueden negociar algunos acuerdos que mitigan la opresión, que les permiten ciertos derechos a cambio de ciertas obligaciones siempre dentro de un marco de dependencia hacia el poder patriarcal. Igualmente, el concepto de privación hace referencia a los momentos en los que el patriarcado reduce los derechos entonces existentes de modo que las mujeres se ven privadas de cosas o derechos que tenían hasta ese momento. Desde esta perspectiva, la privación se produce cuando aumenta la opresión, o cuando la explotación laboral se endurece al prohibir derechos sindicales, es decir cuando a las mujeres se les priva de derechos que sí mantienen los hombres y que ellas mismas mantenían hasta ese momento. La sujeción, por último, hace referencia a una mezcla entre dominación y subordinación, es decir, cuando por diversas circunstancias el sistema patriarcal no mantiene una opresión descarada sobre las mujeres sojuzgadas, sino que establece unas relaciones más laxas y elásticas aunque nunca libres.
A diferencia de lo que sucede en la explotación de clases, en donde a grandes rasgos expuesto la opresión se realiza en el marco político y la dominación en el ideológico, bajo el patriarcado esta interacción se refuerza con un componente específico cual es el de la participación consciente y/o inconsciente de los hombres. Esta diferencia nos remite al problema de las relaciones históricas de supeditación de las formas y contenidos patriarcales a los sucesivos modos de producción, tema que aparecerá reiteradamente en las páginas que siguen. Es por esto que el empleo de estos conceptos ha de ser mucho más riguroso cuando analizamos la situación de la mujer como género en comparación con la de las clases trabajadoras como fuerza social de trabajo asalariado. Las consecuencias políticas causadas por un uso superficial e impreciso de la terminología no sólo afecta a la eficacia teórica sino fundamentalmente a la eficacia práctica del proceso de liberación, que es de lo que se trata.
Si es cierto lo dicho hasta aquí, mucho más lo es cuando está presente la opresión nacional, cuando las reivindicaciones de clase y de género hay que unificarlas en un contexto histórico objetivo y subjetivo de nación oprimida. El primer error en ese sentido es el de seguir con el criterio de "tres opresiones" -la de género, la nacional y la de clase- como si se tratase de una suma de factores independientes, cuando de hecho es una totalidad concreta históricamente constituida y que refleja la materialidad de la ley del desarrollo desigual y combinado de las formaciones sociales en el capitalismo. No existen "tres opresiones" sino una opresión global, opresión nacional y social de género, por decirlo sin mayores precisiones. Pensar en términos de "tres opresiones" es pensar desde la lógica reformista y del Estado ocupante pues simplemente bastaría con ir superando aisladamente cada una de esas opresiones particulares para resolver el problema. Y no es así. Aunque desde la perspectiva cualitativa y estratégica de opresión nacional y social de género se ven imprescindibles velocidades y ritmos específicos de los componentes internos, aun siendo así, lo que prima es la unidad global del proceso liberador en cuanto totalidad concreta específica y esencialmente diferente a la que sufren las mujeres del Estado opresor. Esto nos remite al problema de las interrelaciones entre el género y las clases dentro de los contextos étnicos, etno-nacionales, nacionales y estato-nacionales que han funcionado dentro de la historia de los modos de producción.
No existe "hecho nacional" fuera o aislado de los hechos sociales, clasistas y de género, sino que estas clases y mujeres piensan, hablan, sienten, trabajan, se relacionan y luchan con, desde y para culturas, lenguas, referentes históricos, identidades y sentimientos colectivos preexistentes y que les han condicionado incluso antes de nacer. Asumen más o menos abiertamente los criterios de esas culturas y con demasiada frecuencia los valores de sus clases dominantes de modo que, aunque sea sin quererlo, actúan como instrumentos en la reproducción de su poder. El feminismo no se libra de ese peligro y muchas feministas de izquierda, que han hecho y hacen aportaciones excelentes a la crítica del poder, son arrastradas por ese torrente que ha terminado inundando su conciencia teórica o su personalidad no consciente. Desconocemos si este es el caso de la por demás admirada María Angeles Durán, pero en su valioso texto "El trabajo invisible en las cuentas de la nación" (en "Las mujeres y la ciudadanía en el umbral del siglo XXI", Edit. Complutense, Madrid, 1998), hace una de las mejores críticas de la contabilidad como instrumento de dominio y definición de la "realidad" por el poder, pero la hace desde la lógica española, de la "nación" española, con una muy escueta referencia a las "Comunidades Autónomas", y aunque muy correctamente plante la necesidad de una contabilidad internacional, parte del axioma de que en esa contabilidad debe estar "España".
Si la denuncia socialista a la economía burguesa demuestra que manipula, tergiversa, olvida, silencia y hasta ignora realidades objetivas; si la denuncia feminista al socialismo demuestra que éste, y no sólo la burguesía, menosprecia y olvida la situación de la mujer, colaborando indirectamente con su mantenimiento, ¿por qué las mujeres de un pueblo oprimido no pueden y no deben criticar y demostrar a las feministas del Estado opresor de que olvidan o desconocen, e incluso legitiman, la intervención de ese Estado contra su pueblo ocupado? Si el socialismo tiene razón cuando exige a los teóricos burgueses más seriedad y rigor y menos ideología e idealismo, y si las feministas tienen razón al exigir a los socialistas que estudien e introduzcan en su contabilidad y en sus teorías el "trabajo invisible" de las mujeres, ¿tienen razón las feministas del pueblo oprimido al afirmar que la teoría feminista del pueblo opresor está contaminada y viciada, cuando no supeditada, por los intereses opresores de su Estado?
Vemos que se establece una ascensión crítico-creativa de elaboración teórica que va de los niveles menos agudos de opresión, a los más agudos y tensos, de modo que en cada paso enriquecedor se sube un peldaño cualitativo en el conocimiento crítico de la opresión, explotación y dominación según sus escalas de complejidad e interrelación de factores históricos. Esta complejidad es incomprensible desde la tesis de las "tres opresiones" porque los ascensos sucesivos no son simples sumas sino saltos cualitativos resultado de la sinergia del proceso. De este modo, sólo desde la perspectiva más elaborada y superior en concreciones, es decir, desde la perspectiva de la nación oprimida se pueden comprender todas las implicaciones y limitaciones del comportamiento de las clases oprimidas de la nación opresora, al igual que sólo desde el feminismo independentista de la nación oprimida se pueden entender las limitaciones del feminismo de la nación opresora, mientras que éste, como el socialismo de las clases oprimidas de la nación opresora, debe sufrir una mutación cualitativa para poder comprender no sólo la realidad del feminismo o y del socialismo independentista sino también su propia realidad.
Por ejemplo, para conocer todo lo que hay encerrado en el comportamiento de opresión sexual de Clinton sobre su esposa y sus amantes femeninas, no basta estudiar ese caso concreto así como la ideología y la práctica sexista del racismo blanco y protestante de la burguesía yanki, hasta llegar a los trabajadores blancos en su racismo sexual contra las trabajadoras de otra etnia o nación, sino que hemos de llegar hasta la conciencia de las mujeres trabajadoras negras, chicanas, indias, etc., porque es en el interior de la dominación, explotación y opresión nacional y social de género que padecen en donde se desarrollan todas las nefastas consecuencias del sistema patriarco-burgués norteamericano. Cada peldaño que ascendamos en el estudio concreto, ampliando las complejidades pero sintetizando los conceptos teóricos, superaremos las limitaciones de los progres abochornados votantes de Clinton, ascendiendo a la comprensión teóricas del comportamiento de la clase burguesa, para luego subir al de la clase trabajadora blanca, para llegar más arriba al de los trabajadores negros, chicanos, indios etc., que oprimen a las mujeres de sus colectividades. Pero incluso, si queremos hacer un estudio más radical, debemos luego analizar cómo otras mujeres de otros pueblos oprimidos por el imperialismo norteamericano sufren las consecuencias del apoyo de las trabajadoras indias, chicanas y negras a la lógica del Tío Sam, obteniendo algún beneficio material y simbólico, por pequeño que sea, proveniente de las inmensas sobreganancias que obtiene el imperialismo yanki y que algunas gotean hasta la vida de esas mujeres, que muy probablemente desconozcan esa criminal lógica del modo de producción capitalista.
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